El páramo de Santurbán. Defensa de los recursos naturales PDF Imprimir E-mail

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroPara el gobierno de Juan Manuel Santos la minería es una de las locomotoras que va a dinamizar el crecimiento económico y a jalonar el resto de la economía. Pero no hay una legislación que proteja a las comunidades de la voracidad de los monopolios. Hasta ahora la política minera ha estado orientada a preparar el terreno para que lleguen las transnacionales, mientras se criminaliza a pequeños y medianos mineros dedicados a la explotación artesanal. El Gobierno no sabe cómo enfrentar las grandes preocupaciones de las comunidades.

El mundo vive la fiebre del oro


Existe  un ambiente favorable para la minería; el oro superó 1.420 dólares por onza y alcanzó un precio histórico. Monopolios de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, en representación del capital financiero, se están apropiando de los recursos naturales de los países. Colombia vive esta realidad. Durante el período 2002-2009 la minería aumentó su participación en las exportaciones pues pasó de 13 a 25 por ciento. En el año 2009 petróleo y minería representaron 56 por ciento de las exportaciones. Pero el crecimiento de la explotación del oro es asombroso: en 1996 la inversión extranjera en minería era del 2,2 por ciento del total y para el 2009 se trepó al 41 por ciento. Se destacan las multinacionales Anglo Gold Ashanti Ltda., Medoro Resources y Greystar Resources.

Hace dos años se extrajeron millón y medio de onzas, pero Ingeominas considera que para el 2012 la producción será de tres millones. Durante los dos gobiernos del presidente Uribe se promocionó “el país minero”, por considerar que la minería era el sector con más posibilidades en el mercado internacional. Y como consecuencia estamos sufriendo el impacto ambiental, social y cultural.

El oro del páramo de Santurbán

La fiebre del oro se apoderó de los municipios de California y Vetas, en Santander, donde se explota el oro desde la Colonia; la región está sembrada de minas, con explotación artesanal, pero el oro se hace esquivo. Sin embargo a los mineros se les apareció la Virgen, con la llegada de la canadiense Greystar; el valor de la hectárea de tierra se multiplicó por 10 y los pequeños campesinos empezaron a vender sus parcelas. De este modo Greystar compró 30 mil hectáreas en California; hasta aquí todo iba bien para las partes, pues la empresa invertiría 945 millones de dólares y los municipios multiplicarían sus ingresos.

Las dos poblaciones están en el páramo de Santurbán y la explotación minera afectaría 1.100 hectáreas de esta región que provee de agua a Bucaramanga y a otros 20 municipios. En este punto estalló el conflicto de intereses; Greystar solicitó licencia para sacar 240 toneladas de oro, pero necesita dinamitar 1.100 millones de toneladas de tierra y emplear 240 toneladas diarias del explosivo anfo. Esta sería la explotación de oro, a cielo abierto, más grandes del país (Revista Semana, febrero 14 de 2011).

Como consecuencia llegó el enfrentamiento entre los 3.600 habitantes de los municipios mineros y las autoridades, gremios, grupos de izquierda, trabajadores de la cultura, obreros y ambientalistas, que protegen el páramo y sus recursos naturales. El pasado 25 de febrero, 50 mil personas desfilaron por las calles de Bucaramanga para rechazar el proyecto minero. Afortunadamente las actuaciones de las transnacionales y las consecuencias de la minería a cielo abierto, despiertan sentimientos de unidad entre los colombianos, contra la política minera del Gobierno y por la defensa de los recursos naturales.

Pero  el 17 de marzo el ministro de Minas, Carlos Rodado, anunció que la empresa Greystar retiraba la solicitud de licencia ambiental para extraer oro en el Páramo de Santurbán. La misma transnacional anotó que volverá a presentar la solicitud para un proyecto alternativo.

Le queda el mensaje al Gobierno, pues no se debe feriar la adjudicación de títulos: la minería debe respetar el medio ambiente. Por ahora fue derrotada la Greystar, pero a las instituciones del Estado les debe quedar claro que está prohibida la explotación de minas en los páramos. Santurbán es un buen ejemplo.
La población de Marmato no contó con la misma suerte pues sus empresas mineras fueron compradas por la multinacional  Medoro Resources, que se propone hacer la explotación a cielo abierto para facilitar la extracción del mineral. Así, Marmato, el pueblo que viene desde la Colonia, se está desfigurando, Medoro sacará el oro en 20 años mientras que los mineros, en forma artesanal, tardarían dos siglos. Con la locomotora minera del Gobierno no tiene futuro el Pesebre de oro de Caldas.

 


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