Imaginario, semantizar, proactivo, víscera-visera PDF Imprimir E-mail

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA
Por Efraín Osorio López (*)
\n Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla


Lo misterioso del fenómeno es que sólo ‘pegan’ las locuciones equivocadas y los términos despistados.

Con el adjetivo ‘imaginario-a’ calificamos aquello que sólo está en la imaginación. Un día cualquiera, un redactor cualquiera amaneció con la fantasía enfebrecida, y se inventó un sustantivo cualquiera: ‘el imaginario’. Terminacho que le sonó bonito a otro personaje cualquiera, lo aparó sin ningún reparo, y lo lanzó al aire, para que otro cualquiera lo ‘apeloteara’.

Y así sucesivamente hasta que le llegó al columnista de El Tiempo, que no es un columnista cualquiera, Óscar Collazos, a quien le pareció tan chusco, tanto, tanto, que lo agarró al vuelo y lo empleó tres veces en el mismo artículo. Observen: “…y está influyendo (el Concurso de Belleza) de manera peligrosa en el imaginario de millones de mujeres”; “Eso fue lo menos que quedó en el imaginario popular”; “…van más allá del imaginario estético de hombres y mujeres” (El Tiempo,  XI-12-09). De esta manera -dice el doctor Jaime Guzmán Mejía-, se va deteriorando el idioma. El nuestro, el castellano, que tiene las voces castizas para expresar esa idea: ‘imaginación’ y ‘fantasía’, que la exteriorizan cabalmente. ‘Imaginario-a’ es un adjetivo calificativo, cuyos sinónimos son ‘ficticio, fantástico, inventado, irreal’, etc. Con su carácter de sustantivo (adjetivo sustantivado, mejor), se le acomodaba al fabricante de estatuas (imágenes, como las llamamos) o a quien las pintaba. La Academia le asigna otras acepciones, que, aparentemente, no tienen relación con la imaginación o fantasía. Lo misterioso del fenómeno es que sólo ‘pegan’ las locuciones equivocadas y los términos despistados.

El señor Alcalde de Manizales, Juan Manuel Llano Uribe, debió quedarse en Babia cuando el doctor Guillermo Orlando Sierra S., rector de la Universidad de Manizales, le dijo que había que ‘resemantizar’. De esta guisa lo expresó en su columna de LA PATRIA, del 13 de noviembre: “Hace dos días, en conversación con el Alcalde de nuestra ciudad, coincidíamos en la necesidad urgente de resemantizar, de buscar nuevos códigos para interpretar la generación de empleo…”. Decidí, entonces, adentrarme en los vericuetos de fraseología tal, y concluí que en lo que habían coincidido era en ‘mirar a ver’ cómo diablos encontrar más empleo para los manizaleños. Pero no entendí, no, el porqué de la presencia en la frase de un verbo que no existe en castellano, ‘semantizar’; y, menos aún, ‘resemantizar’. Sin embargo, traté de definirlo, tarea peliaguda, porque la ‘semántica’ es “el estudio del significado de los signos lingüísticos y de sus combinaciones, desde un punto de vista sincrónico o diacrítico” (El Diccionario), es decir el “estudio del significado de las palabras y de sus variaciones”. Ella, verbigracia, nos ayuda a entender por qué el vocablo ‘comida’ puede significar el “alimento de los seres vivos”, pero también la tercera de las tres ‘curvas’ diarias; por qué, en algunas regiones, lo llaman así; y por qué, en otras, le dicen ‘golpe’. De acuerdo con esto, ‘semantizar’ sería “explicar lo inexplicado”; y ‘resemantizar, “explicar de nuevo lo inexplicado ya explicado”. O, cambiando todo el tendido, “eliminar el vocabulario existente para volver a bautizar todas las cosas y, así, explicarlo todo de nuevo”. -¿No? –Me rindo, entonces.

Cuando uno recorre todos los días un mismo camino e intempestivamente tropieza con algo nuevo, se impresiona. Fue esto lo que me ocurrió cuando, no hace mucho, leí por primera vez el término ‘proactivo’. Y me sonó pleonástico. Más todavía, cuando conocí su significado: “Proactivo es aquel que toma la iniciativa, que emprende la acción y hace que las cosas sucedan”, a saber, “aquel que es diligente y eficaz”. Pero, señor, si ésta es precisamente la definición de una ‘persona activa’, ¿para qué pegarle un prefijo que no necesita? Ahora, si con él lo que se quiere decir es que es muy, muy, muy activo, expréselo así: “Nuestro gerente es muy activo, porque todo hay que decirlo, mija”. O ‘hiperactivo’, aunque este adjetivo se aplique más a quienes lo son exageradamente. El Tiempo (Primer Plano, XI-5-09) superó con creces el pleonasmo: “No hay acción proactiva del Estado para…”. ¿Habrá alguna acción que no sea activa? Y, para terminar, señor, si usted no es ‘activo’, es ‘pasivo’; o sea, un perezoso de siete suelas, que “ni enlaza, ni ataja, ni se hace a un lado”.

“Al mejor peluquero se le queda un pelo”. Dicen. A don Pablo Mejía Arango se le quedaron dos en su columna de LA PATRIA del sábado 14 de noviembre. Confundió las inflexiones verbales de ‘haber’ (has) y ‘hacer’ (haz) en el refrán “A donde fueres haz lo que vieres”, pues puso la primera en lugar de la segunda; y nos contó que no le gustaban las viseras con entresijos. Y con razón, porque una visera no se la come nadie. Las que sí son muy buenas son las ‘vísceras’, bien preparadas, ¡claro! Pero, “no se confunda ni haga pucheros” (así le dijo el ángel a Feliciano Ríos en la antesala de la eternidad), don Pablo, pues también dicen que “al mejor nadador se lo lleva la corriente”.

 


Add this to your website
 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar